Un grupo de saduceos se dirigía al Templo en busca de Jesús. Los lideraba un tal Jacob, uno de los hombres más ricos y poderosos de Jerusalén. Jacob estaba realmente inquieto: le habían informado que hacía unos días Jesús de Nazaret había sido aclamado por un grupo numeroso de personas como el Rey que venía en nombre del Señor.

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Al llegar al Templo, encontraron a Jesús rodeado de gente. Jacob hizo sentir su presencia e inmediatamente lo dejaron pasar. La gente estaba tensionada: ¿Qué le diría ese saduceo a Jesús?. «Maestro —dijo Jacob con cierto tono respetuoso. Los discípulos se relajaron un poco—. Tengo una pregunta para ti. Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere y deja a la mujer sin hijos, su hermano la tomará por esposa y los hijos que tenga se considerarán descendencia del difunto. Es así, ¿no?».

No comprendéis la otra vida porque estáis obsesionados con esta

Los presentes no comprendían a qué venía la cuestión. Jesús miró a Jacob a los ojos y asintió levemente. «Pues bien —prosiguió Jacob—, había siete hermanos. El mayor se casó y murió sin hijos. El segundo se casó con la mujer, pero tampoco tuvo hijos. Y así le pasó a todos. Murió también la mujer. Cuando resuciten, ¿quién la tomará por esposa?». Ahora los discípulos comprendían: los saduceos, que no creían en la resurrección, querían ridiculizar al Maestro.

Jesús suspiró y respondió a Jacob: «Vosotros los saduceos estáis tan obsesionados por las cosas de este mundo que no comprendéis la otra vida. Mirad, en este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero quienes alcanzan el otro mundo y la resurrección no se casarán, porque son iguales a los ángeles e hijos de Dios». Uno de los saduceos exclamó: «¿Ángeles? ¡Los ángeles no existen! Solo existimos las personas de carne y hueso… Si quieres llamar ángel a un hombre es tu problema». Algunos rieron.

No es Dios de muertos, sino de vivos

Jesús miró al hombre, pero tras unos segundos se dirigió a Jacob: «Ya Moisés, a quienes vosotros dais autoridad, demostró que los muertos resucitan al llamar al Señor Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos, todos viven para Él». Jacob quedó perplejo: no podía ir en contra de las palabras de la Torá. Las personas dieron el debate por terminado. Algunos doctores de la Ley se acercaron a felicitar a Jesús. Los discípulos estaban entusiasmados.

Mientras se alejaban, Jacob comentó a sus compañeros saduceos por lo bajo: «Si no nos prevenimos, esto acabará mal. Va a tener razón Caifás: más vale que muera uno, y no que haya un levantamiento del pueblo por su culpa y nos aplasten los romanos. Total, si el maestrillo ese cree en la resurrección de los muertos, la muerte no será un problema para él». Los compañeros de Jacob rieron. Él no: hablar tanto de la muerte le había dado un gran dolor de cabeza.

texto del evangelio

Lucas 20, 27-38 (leer).

Dios te habla: ¿lo escuchas?

1 Corintios 15, 14 (leer).

Juan 11, 25-27 (leer).

2 Macabeos 7, 14 (leer).

Hechos de los Apóstoles 23, 6-11 (leer).

1 Tesalonicenses 4, 13-14 (leer).

Job 19, 25-26 (leer).

Preguntas para meditar y orar
  1. ¿Tengo miedo a morir? ¿Creo en la resurrección?
  2. ¿Creo en la existencia de los ángeles? ¿Tengo presente a mi ángel custodio?
  3. ¿Es la vida eterna mi horizonte o vivo concentrado en los bienes de este mundo?
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Iuvenes adorantes – La otra vida

Un comentario en “La otra vida

  1. Creo fielmente en la resurrección, creo en ma vida después de la muerte (la verdadera vida). Siempre se siente miedo a morir por el amor a los que nos rodean… pero entre más conozco al Señor, más le voy perdiendo el miedo a la muerte.

    Creo, sin duda alguna en la existencia de los angeles y en que el mío me proteje cada dia.
    Anécdota: una noche tenia mucho miedo y pedí al señor que mandara sus angeles a cuidarme y al amanecer, al pié de mi cama habían plumas de muchos colores.

    Aveces nos desconcentramos con las cosas de aqui… pero siempre el cielo es el horizonte.

    A DIOS
    Eres luz, verdad, paz, amor y tranquilidad… eres la vida mas hermosa que deseo alcanzar, mi mas perfecta realidad… en tus brazos un dia despertar, alcanzar tus ojos mirar y decirte que en ti siempre quiero descansar.

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