El hombre llegó agitado adonde Jesús y sus discípulos. Estaba desesperado. Su hermana pequeña llevaba un mes enferma, postrada en un lecho de paja, y nada auguraba una mejoría. Todo lo contrario… Por eso, cuando escuchó que el famoso Rabí Jesús de Nazaret, hacedor de milagros, estaba en su aldea, salió corriendo a su encuentro.

joven-orando

«¡Maestro! —gritó tras recuperar la respiración—. Mi hermana se muere: haz algo por ella. Hace varias semanas cayó enferma y ningún medicamento le sirve. No ha pasado día sin que ruegue al Señor por su salud, ¡pero parece que no me oye!». Algunos discípulos se sobresaltaron. ¿Estaba aquel hombre reprochándole a Dios? Vieron a Jesús: estaba sereno. Sus ojos reflejaban que no le era indiferente el dolor de aquel hombre y el sufrimiento de su hermana. «Amigo, tranquilo —dijo Jesús al hombre—. Dios sí escucha tu oración». El hombre replicó: «¿Pero cuándo hará algo por mi hermana?».

Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?

Jesús le repitió: «Tranquilo. Oye lo que voy a decir». El Maestro les puso entonces una parábola al hombre y a sus discípulos: «Había un juez que le daba igual todo: ni le importaba Dios ni lo que dijeran los demás. Una viuda le pedía insistentemente que le hiciera justicia, porque un familiar de su difunto esposo quería apropiarse de su poca fortuna. El juez no le hacía caso, pero ante tanta molestia se dijo: “Le haré justicia para que me deje en paz”…

»Fíjense —concluyó el Maestro—: el juez le hizo justicia a la viuda para que no lo importunara a cada momento. Pues Dios, ¿no hará justicia a los suyos que le claman día y noche? ¿Les hará esperar? Les aseguro que les hará justicia sin tardanza… Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?».

¡Es necesario orar siempre, sin desfallecer!

Los discípulos contemplaron atónitos cómo el hombre se echó a los pies de Jesús. Entre lágrimas exclamó: «¡Perdóname, Señor! Hasta ahora he pedido lo que creía merecer, pero Tú eres quien sabe hacer justicia y dar a cada uno lo que necesita». Jesús levantó al hombre y le dijo: «Dios no es indiferente al clamor de sus hijos. Él sí te escucha. Vete, tu hermana pequeña está curada».

Después de que el hombre se fue, el Señor se dirigió a los discípulos: «¡Es necesario orar siempre, sin desfallecer! Tengan fe y confianza. No se desanimen: Dios los escucha y Él, que es justo, les hará justicia sin tardar. Perseveren en la oración. Sean fieles. Les aseguro que quien reza sin rendirse le serán concedidos bienes mayores que los que pide. Se le darán conversión, humildad, paz».

texto bíblico base

Lucas 18, 1-8 (leer).

Dios te habla: ¿Lo escuchas?

Salmo 33 (32), 18-22 (leer).

1 Tesalonicenses 5, 17 (leer).

Salmo 121 (120) (leer).

Romanos 12, 12 (leer).

Salmo 17 (16), 1-9 (leer).

Éxodo 17, 8-13 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Con qué frecuencia oro? ¿Rezo solamente de vez en cuando, en casos extremos?
  2. ¿Tengo fe? ¿Confío en Jesucristo? ¿Le exijo que se acomode a lo que quiero?
  3. ¿Me desanimo con facilidad? ¿Será que solo cuento con mis propias fuerzas?
Descarga esta meditación en pdf.

Iuvenes adorantes – ¿Te rendirás?

Un comentario en “¿Te rendirás?

  1. Hoy el evangelio nos invita a ser constante en la oración
    Nuestro padre que está en el cielo siempre nos escucha
    Y cuando oremos hagámoslo convencidos y confiados que El actuará en su tiempo
    La oración
    Nos mantiene
    En comunicación directa con nuestro padre

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s