Los apóstoles habían escuchado muchas veces cómo Jesús alababa la fe de algunas personas: la del centurión —«Os digo que en nadie de Israel he encontrado una fe tan grande» (Mateo 8, 10)—; la de la hemorroísa —«Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado» (Mateo 9, 22)—; la de la mujer cananea: «¡Mujer, qué grande es tu fe!» (Mateo 15, 28). Tantas personas creían plenamente en su Maestro, pero ellos, los apóstoles, los más cercanos, notaban que todavía les faltaba confianza.

Siervos inútiles

Simón Pedro guardaba bien en su memoria y en su corazón aquellas palabras que Jesús le había dicho en el lago: «Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?» (Mateo 14, 31). El Señor le había mandado caminar sobre las aguas y él lo había comenzado a hacer, pero el miedo le había vencido… ¿Por qué no podía tener la fe del centurión, de la hemorroísa, de la cananea?

¡Señor, auméntanos la fe!

Por eso, aquel día Pedro aprovechó para hacer una petición a Jesús en nombre de los apóstoles: «¡Señor, auméntanos la fe! Mira lo poco que confiamos en Ti». Jesús le respondió: «Hacen bien en reconocer que todavía tienen poca fe. Si al menos su fe tuviera el tamaño de un grano de mostaza… Si tuvieran fe como un grano de mostaza, le dirían a este árbol de moras: “Arráncate y plántate en el mar” y les obedecería».

Pedro quedó desconcertado. Jesús no les había respondido: tan solo se había limitado a dejar bien claro que la fe de ellos era tan poca que ni llegaba al tamaño de un mísero grano de mostaza… ¿Y entonces? ¿Aumentaría su fe o no? Pedro no podía quedarse callado. Le preguntó a Jesús: «Maestro, ¿no te importa que nosotros que somos cercanos a ti tengamos tan poca fe?».

Somos siervos inútiles… con eficacia divina

Jesús miró con inmenso cariño a Pedro: le agradaba sobremanera su sinceridad. Para responderle, les puso una comparación: «Si alguno de ustedes tiene un siervo que trabaja en el campo, cuando regresa a la casa, ¿qué le dicen? ¿“Siéntate, que yo te sirvo”? No. Muy seguramente le dirán: “Prepárame la cena y cuando yo haya terminado, comerás tú”. Y el siervo hace lo que le toca… Así ustedes: hagan lo que les corresponde. Y, al terminar, díganse: “Somos siervos inútiles, no hemos hecho más que lo que teníamos que hacer”».

Jesús, mirando a Pedro, dijo: «Repito: haces bien en reconocer tu poca fe. No te preocupes: yo rogaré para que tu fe no desfallezca, sino que aumente. Tú, haz lo que te corresponda: con alegría, humildad y generosidad. Serás siervo inútil… con eficacia divina».

Texto bíblico base

Lucas 17, 5-10 (leer).

Dios te habla, ¿lo escuchas?

Lucas 22, 31-32 (leer).

Romanos 1, 17 (leer).

Santiago 2, 14-23 (leer).

1 Corintios 16, 13 (leer).

Génesis 22, 1-19 (leer).

Hebreos 11, 1-40 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Cómo es mi fe en el Señor? ¿Le pido que aumente mi fe?
  2. ¿Me lleno de vanidad por lo que hago? ¿Reconozco que soy siervo inútil?
  3. ¿Me doy cuenta de que para fortalecer mi fe necesito dirección espiritual?

Un comentario en “Siervos inútiles

  1. Hoy nos preguntamos
    Cómo es nuestra fe??
    Creemos en la palabra
    Señor permite que nuestro corazón crezca poco a pico nuestra confianza en ti
    Yo creo y quiero creer más y más
    Señor aumenta nuestra Fe
    Para creer cada día más en ti
    Nuestra fe es tan pobre que dudamos todo el tiempo
    Mi amado Señor llénanos de ti para confiar más y más en ti

    Amen

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