Los dos hermanos llegaron discutiendo donde Jesús. Hacía poco el padre de ellos había muerto y si bien había dispuesto que la herencia se repartiera entre los hermanos el mayor se había quedado con todo. El menor, que había conocido a Jesús unos días atrás, pensaba: «Seguro ese hombre justo me dará la razón». Por eso, decidió llevar a su hermano a la presencia del Maestro.

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Al llegar donde Jesús, no le importó interrumpir su enseñanza. Gritó: «Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Jesús le respondió con calma: «Hombre, ¿cuándo has visto que me he dedicado a solucionar problemas de herencias o de dinero? ¿Acaso alguien me ha constituido juez o encargado de repartir entre ustedes?».

El hermano menor quedó estupefacto: ¿Estaba defendiendo el Maestro a su hermano? En efecto, a este se le había dibujado una sonrisa en la cara. Sin embargo, Jesús lo vio y añadió: «Estén alerta y cuídense de toda clase de avaricia; porque aunque alguno tenga abundancia de bienes su vida no depende de lo que posee».

Estén alerta y cuídense de toda clase de avaricia

Enseguida Jesús les refirió una parábola: «Un hombre había acumulado muchas riquezas y pensaba que ya eso le bastaba para vivir. Se dijo a sí mismo: ‘Date la buena vida, descansa, bebe —sobre todo, licor—, come todos los manjares…’. Pero no sabía que esa misma noche iba a morir». Entonces le preguntó a la multitud: «¿De qué le sirvieron tantas riquezas a ese hombre? ¿A quién le quedarán tantas cosas? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios».

A nosotros puede sucedernos como a los dos hermanos: acudimos a Jesucristo para que nos ayude con nuestros problemas materiales y nos olvidamos de que nuestra vida no depende en definitiva de lo material. A veces, nos preocupamos por tener cosas que consideramos indispensables sin darnos cuenta de que la avaricia se ha adueñado de nuestra alma: ¡Y perdemos la paciencia con Dios si no nos da lo que le pedimos!

A Dios le interesa tu salvación eterna

Jesús se valió de la discusión de los dos hermanos para advertirnos de un gran peligro: poner nuestra seguridad en las cosas materiales. Por supuesto que a Dios le importa que podamos comer, vestir, vivir dignamente; pero más le interesa tu salvación eterna. Si eres cristiano, ¡pon los ojos en el Cielo! Busca primero el Reino de Dios y su justicia: lo demás se te dará por añadidura.

texto bíblico base

Lucas 12, 13-21 (leer).

textos bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Salmo 39 (38), 5-14 (leer).

Eclesiastés (Qohélet) 2, 1-11 (leer).

Nuevo Testamento

Mateo 5, 3 (leer).

Mateo 6, 19-21 (leer).

Mateo 6, 24-34 (leer).

Colosenses 3, 1-5 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. Qué cosas materiales pido a Dios en la oración? ¿Son realmente necesarias?
  2. ¿Vivo con austeridad? ¿Pongo mis cosas al servicio de los demás?
  3. ¿Cuido mis cosas? ¿Valoro lo que tengo sin apegarme a ello?

Un comentario en “Con los ojos en el Cielo

  1. El pasaje del evangelio
    Me hace detenerme a pensar
    Busco lo material
    Que comparto con mi hermano necesitado
    Hasta qué punto vivo pendiente de obtener cosas que no me darán la salvación, lo material hasta que punto en más importante
    Señor enséñame a compartir y a servirte con amor
    Y mirar a mi alrededor al hermano que necesita mi ayuda
    Al que le pueda servir con amor
    Amen

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