Mateo y Tomás llegaron a la aldea samaritana. Tocaron la puerta en el primer albergue que encontraron. Un hombre apareció y les preguntó secamente: «¿Qué quieren?». «Hospedaje para trece». «¿Y dónde están los otros?». «Ya están cerca». El hombre se los quedó mirando: «Ustedes son galileos. ¿Hacia dónde van?». Tomás respondió con brusquedad: «A Jerusalén. Pero eso, ¿qué te importa?».

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«Me importa —contestó el hombre—. En este pueblo no recibimos a peregrinos que van a Jerusalén». Les cerró la puerta en sus narices. Mateo y Tomás salieron enfurecidos de la aldea. Se encontraron con Jesús y los otros apóstoles y les informaron sobre lo sucedido. Judas Iscariote murmuró: «Estúpidos samaritanos». Santiago y su hermano Juan, al ver que Jesús permanecía pensativo y con los ojos cerrados, le preguntaron: «Señor, ¿quieres que mandemos que caiga fuego del cielo y acabe con la aldea?». Jesús abrió enseguida los ojos: «¡Cómo se les ocurre! ¿Cuándo han visto que me he vengado de alguien? No los insulten siquiera. Vayamos a otro pueblo».

Ser discípulos de Jesús implica convertir nuestra mentalidad y nuestra conducta

Cuando nos ofenden, nuestra reacción instintiva es airarnos y responder al agravio con otro agravio. La respuesta de Jesús es diferente: no insulta, no se venga. Parecería normal y hasta justificado hacerlo, pero el Maestro invita a sus discípulos a ver el mundo con otros ojos. Ser discípulos de Jesucristo implica convertir nuestra mentalidad y nuestra conducta: pensar y actuar siempre conforme a la voluntad de Dios, que es voluntad de amor, de perdón, de paz, de alegría.

Jesús siempre enseñó a quienes deseaban seguirlo que lo primero era cumplir la voluntad de Dios. A la hora de tomar una decisión, la gran pregunta para un cristiano debe ser esta: «¿Qué quiere Dios?». Cuando descubrimos la respuesta, esta se convierte en el criterio definitivo para nuestra vida; se coloca por encima de cualquier otra realidad: familia, amigos, deseos o proyectos personales, seguridades…

La gran pregunta para un cristiano es ¿Qué quiere Dios de mí?

La vida entera de Jesús se entiende solo a la luz de la voluntad de Dios: Él hizo todo con el fin de agradar y complacer a su Padre. Sin duda, esto le acarreó dificultades, incomodidades y sufrimientos, pero fueron más grandes su paz y su gozo, ¡su gloria! Porque esa es, en última instancia, la voluntad de Dios: darnos la verdadera felicidad, la auténtica gloria, aquella que supera todas nuestras expectativas.

texto bíblico base

Lucas 9, 51-62 (leer).

textos bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Salmo 143 (142), 10 (leer).

Nuevo Testamento

Mateo 7, 21 (leer).

Lucas 22, 42 (leer).

Juan 4, 34 (leer).

Romanos 12, 2 (leer).

Efesios 6, 6 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Qué me mueve a actuar? ¿Oro para discernir qué quiere Dios de mí? ¿Soy consciente de que en el Padrenuestro digo: «Hágase tu voluntad»?
  2. ¿Me cuesta obedecer? ¿Soy dócil ante lo que me indican o suelo criticarlo?
  3. ¿Cuestiono a Dios por lo que me pasa o me abandono en sus manos paternales?

Un comentario en “¿Y Dios qué quiere?

  1. El Señor nos invita a convertirnos a no pensar en el pasado a seguirlo en el camino hacia la salvación
    Pensar que haría Jesús
    Es actuar de acuerdo a su voluntad
    En este caminar donde nos encoramos con muchos teñirlos y caída pero convencidos que El nos guía y ayuda a levantarnos porque nos ama y siempre quiere nuestra salvación

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