Todas las despedidas tienen cierto tono de tristeza. Ya no se verá por un tiempo —breve, largo, o quizá más nunca— a la otra persona. Al despedirse, en el alma aparece la nostalgia y en los ojos, tal vez, las lágrimas… A menos de que uno no quiera a quien se va o de que a uno le convenga su partida, como aquel hombre que envío a su suegra a la casa de sus padres con el siguiente mensaje: «Espero que la reciban con la misma alegría con que yo la mando».

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Después de resucitar, Jesús se apareció varias veces a sus discípulos. La última de ellas los llevó cerca de una aldea llamada Betania. Allí los bendijo y en su presencia subió al Cielo. Al contemplar este hecho, los discípulos se postraron en adoración. Después, nos dice el Evangelio, «regresaron a Jerusalén llenos de gran alegría» (Lucas 24, 52).

Jesús nos ha devuelto la esperanza

¡¿Cómo?! ¿Se fue Jesús al Cielo y los discípulos se van alegres? ¿Ese es el «amor» por su Maestro: como el del hombre de la anécdota por su suegra? Sin ninguna duda, no. Incluso en medio de sus miserias y debilidades, los discípulos amaban realmente al Señor. ¿Cómo es posible entonces que se marcharan alegres?

La Ascensión de Jesús a los Cielos implica que la humanidad fue recibida por el Padre en su Reino celestial. Expulsados del Paraíso por el pecado, los seres humanos habían perdido la oportunidad de una convivencia eterna y gozosa con Dios. Pero Jesús con su Muerte y Resurrección venció al pecado y abrió las puertas del Cielo a hombres y mujeres. Por eso, los discípulos festejan con alegría la Ascensión de Jesús: esta significa un triunfo también para ellos, aunque todavía no hayan entrado al Cielo. ¡Jesús nos ha devuelto la esperanza!

El triunfo de Jesucristo es nuestro triunfo

Cuando nuestro equipo de fútbol gana un torneo nos alegramos, si bien es cierto que nosotros no jugamos ni un solo partido. Somos del equipo campeón, aunque no estemos en la cancha. Así, nos alegramos de que Jesucristo haya entrado con su humanidad al Cielo, aunque todavía nosotros sigamos en la tierra: ¡Su triunfo es nuestro!

Además, los discípulos tenían otro motivo para no estar tristes. Jesús subía al Cielo, pero no los abandonaba. Él les enviaría su mismo Espíritu para que estuviera en ellos. Sabían también que lo tendrían presente de manera real en la Eucaristía. Y confiaban plenamente en su promesa: «Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estaré Yo en medio de ellos».

texto bíblico base

Lucas 24, 46-53 (leer).

textos bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Salmo 24 (23) (leer).

Salmo 47 (46) (leer).

Nuevo Testamento

Mateo 18, 20 (leer).

Juan 20, 17 (leer).

Hechos de los Apóstoles 1, 1-11 (leer).

Efesios 1, 17-23 (leer).

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Me doy cuenta de que el Espíritu Santo habita en mí si estoy en gracia de Dios?
  2. ¿Acompaño a Jesús Eucaristía? Cuando no puedo ir, ¿dirijo mis pensamientos a Él?
  3. ¿Aspiro ir al Cielo? ¿O vivo para los bienes de este mundo?

3 comentarios en “Una despedida feliz

  1. La ascencion del señor nos inspira hacer un cambio en nuestras vidas…de passr de la trizteza a la alegria…, de pasar de lo malo a lo bueno, de dejar este mundo terrenal y buscar el mundo eterno de pasar de lo humano a lo Divino… de ser personas cada dia mejor….bendiciones…

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  2. Cuando el Señor partió
    Quiso que no quedáramos tristes
    Que nos alegráramos por que volvería
    Y esa promesa debe mantenernos contento
    Alegres y llenos de esperanza de un mundo mejor y estamos invitados a vivir en contante cambio para su regreso nos encuentre preparados para ese maravilloso momento y porque El habita en Nosotros y siempre está acompañándonos

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  3. Subió al cielo pero al mismo tiempo se quedó entre nosotros. Siempre tenemos su compañía, su guía, su consuelo. El siempre está aquí dentro de nosotros, dentro de mi hermano, dentro de todos. Depende de mi si lo escucho, si le abro la puerta de mi corazón para que sea el quien me guíe para cumplir su palabra y voluntad o si cegada por la premura del mundo lo dejo a un lado. Que la ascensión de Jesús nos llene siempre de esperanza.

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