Jesús le enseñaba a la multitud. Lo escuchaban personas de las más variadas regiones: algunos habían venido de Tiro y Sidón, al norte; otros habían viajado desde Jerusalén, al sur. El Maestro les hablaba de la felicidad verdadera, del amor auténtico. Antes de terminar, les preguntó: «¿Quieren ser buenos testigos de Dios, luz del mundo y sal de la tierra? Aquí les dejo tres claves».

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Primero: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro; todo aquel que esté bien instruido podrá ser como su maestro» (Lucas 6, 39-40).

Si quieres ser un buen testigo de Dios, debes formarte: no puedes dar buen testimonio de Aquel que no conoces. Con la oración, nos formamos en el espíritu; con el estudio cultivamos el intelecto; con las virtudes nos disponemos para servir a los demás. ¡Un buen testigo de Dios procura formarse bien!

De la abundancia del corazón habla la boca

Segundo: «¿Por qué te fijas en la mota del ojo de tu hermano y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la mota que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita: saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad cómo sacar la mota del ojo de tu hermano» (Lucas 6, 41-42).

Para dar buen testimonio hace falta que continuamente revises tu conducta con un buen examen de conciencia y saques las vigas de tu interior con una buena confesión. ¿De qué sirve denunciar las faltas de los demás, si no luchas contra tus propios pecados?

Solo da auténtico testimonio quien abre su corazón a la gracia

Tercero: «No hay árbol bueno que dé fruto malo, ni tampoco árbol malo que dé buen fruto. Pues cada árbol se conoce por su fruto; no se recogen higos de los espinos, ni se vendimian uvas del zarzal. El hombre bueno del buen tesoro de su corazón saca lo bueno, y el malo de su mal saca lo malo: porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6, 43-35).

El buen testigo de Dios no es aquel que aparenta bondad, sino el que vive rectamente en su interior; aunque no lo vea nadie, siempre hace el bien. Solo da auténtico testimonio quien abre su corazón a la gracia: quien trata de disimular una vida santa, pero no se convierte desde dentro, tarde o temprano su hipocresía sale a flote.

¿Estás dispuesto a ser un buen testigo de Jesús? ¿Ser luz para el mundo? Sigue sus tres consejos: fórmate, lucha contra tus pecados y ten un corazón limpio y sincero.

texto bíblico base

Lucas 6, 39-45

textos bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Salmo 119 (118), 9-11

Eclesiástico (Sirácida) 27, 5-8;

Nuevo Testamento

Mateo 5, 13-16

2 Corintios 11, 13-15

Hebreos 9, 14

1 Juan 1, 9

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Procuro formarme bien y conocer mejor a Jesús? ¿Rezo, hago lectura espiritual?
  2. ¿Juzgo a los demás? ¿Examino mi conducta? ¿Me confieso con frecuencia?
  3. ¿Soy hipócrita o sincero? ¿Tengo un corazón limpio? ¿Hago siempre el bien?

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