La fama de Jesús se extendía por Galilea. En cada pueblo, los habitantes quedaban impresionados por sus enseñanzas: despertaba una gran admiración. Tras visitar varias aldeas, llegó por fin al lugar en que se había criado: Nazaret.

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Era viernes. Jesús descansó en su casa, junto a María, su madre. Habló con varios amigos de su infancia y rezó con ellos. Al día siguiente, sábado, como era su costumbre, fue a la sinagoga. La sesión comenzó recitando todos juntos la Shemá —un resumen de los preceptos del Señor (Deuteronomio 6, 4-9; 11, 13-21 y Números 15, 37-41)— y la Amidá, una de las oraciones judías más importantes: un conjunto de dieciocho bendiciones. Después, uno de los presentes leyó un pasaje de la Torá, el libro de la Ley. Tocaba ahora la lectura de un fragmento de los Profetas.

La esencia del cristianismo es una Persona: Jesucristo

Jesús se puso de pie para leer. Los asistentes lo miraban con atención: la fama de sus enseñanzas lo precedía. Le entregaron el rollo del profeta Isaías. Jesús buscó el siguiente pasaje, casi al final: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor» (Isaías 61, 1-2). Jesús devolvió el rollo y se sentó. La gente no le quitaba la vista de encima: todo el mundo esperaba una gran predicación. Jesús dijo: «Hoy se cumple esta Escritura que acaban de oír».

Toda la Sagrada Escritura tiene su cumplimiento en Jesús. Él mismo es el Verbo, la Palabra de Dios. La esencia del mensaje cristiano, del Evangelio, no es un conjunto de ideas bonitas, una filosofía profunda o una doctrina; tampoco es un conjunto de preceptos o normas, una moral. La esencia del cristianismo es una Persona: Jesucristo.

Ser cristiano es encontrarse íntimamente con Jesús y amarlo

«No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (Benedicto XVI). Por supuesto que el cristianismo tiene una doctrina y una moral que se deben seguir. Pero solo tienen sentido y valor en la medida en que uno conoce, sigue y ama a Jesucristo.

Ser cristiano consiste en encontrarse con Jesús, amarlo, y procurar que los demás tengan un encuentro íntimo con Él. Tú, ¿ya te encontraste realmente con Jesús?

Texto bíblico base

Lucas 4, 14-21

textos bíblicos de apoyo

Nuevo Testamento

Juan 14, 23-26

Juan 17, 3

Hechos de los apóstoles 2, 22-36

Gálatas 2, 20

Filipenses 3, 7-11

Hebreos 12, 2

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Vivo mi fe como un encuentro con Jesucristo?
  2. ¿Leo con frecuencia el Evangelio para conocer más sobre Jesús?
  3. ¿Reservo momentos en mi jornada para encontrarme a solas con Jesucristo?

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