Ese día el Papa Francisco sorprendió a sus oyentes con una pregunta: «¿Saben ustedes la fecha de su bautismo?». Si tú hubieras estado allí, ¿qué habrías respondido? ¿Sabes cuándo te bautizaron? Es una de las fechas más importantes de tu vida: fue el día en que naciste a la vida sobrenatural, el día en que te convertiste —de una manera especial y profunda— en hijo de Dios.

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Cuando Jesús fue bautizado, el Espíritu Santo bajó en forma de paloma sobre Él y se escuchó la voz del Padre que decía: «Tú eres mi Hijo, el amado, en Ti me complazco». Eso mismo pasa con cada uno de nosotros. Al ser bautizados, Dios nos dice: «Tú eres mi hijo amado. Quiero complacerme en ti». ¡El Bautismo nos identifica con Jesús! Somos hijos en el Hijo de Dios.

Tú eres mi Hijo, el Amado, en Ti me complazco

El Bautismo, por tanto, es más que un evento en el que llevamos a los niños a la Iglesia para que les echen un poco de agua en la cabeza. Se trata, más bien, de una transformación de nuestro ser: el Espíritu Santo empieza a habitar y actuar en nosotros, de tal manera que va formando en nuestra alma al propio Jesucristo, al Hijo de Dios.

Los bautizados hemos recibido ese grandísimo don: el Espíritu Santo, que nos permite llamar con plena propiedad a Dios «Abbá, Padre» (Gálatas 4, 6). Y, a la vez que es un don, es un compromiso y una misión: vivir como hijos de Dios supone obrar el bien y la justicia, y rechazar toda maldad y pecado. Así fue la vida de Jesús: «pasó haciendo el bien» (Hechos 10, 38) y combatió toda clase de mal, ya fuera físico, moral o espiritual.

Somos niños pequeños que necesitan de la fortaleza y ternura de su Padre

Jesús quiere que descubramos que nuestra vida cristiana, en el fondo, consiste en ser buenos hijos e hijas de Dios. Delante de Él, somos niños pequeños, débiles, que necesitan de la fortaleza y ternura de su Papá. Él nos ayuda y protege con su Amor, el Espíritu Santo, que nos santifica y combate el pecado que nos aleja del Padre.

El Bautismo es un nuevo nacimiento. Nacemos en la familia de Dios: la Santísima Trinidad, la Iglesia. Desde ahora, celebra siempre con alegría tu nuevo nacimiento y pídele al Espíritu Santo que conserve en ti la vida a la que has nacido, la vida eterna.

Texto bíblico base

Lucas 3, 21-22

Textos bíblicos de apoyo

Antiguo Testamento

Salmo 2, 7-8

Nuevo Testamento

Juan 3, 1-8

Hechos de los apóstoles 2, 37-41

Romanos 6, 3-14

Tito 3, 4-7

1 Juan 3, 1-10

Preguntas para meditar, reflexionar y orar
  1. ¿Cuál es la fecha de mi Bautismo? ¿La celebro con gratitud?
  2. ¿Vivo como hijo o hija de Dios? ¿Acudo con confianza a mi Padre celestial?
  3. ¿Me esfuerzo por vivir la vida de Jesús? ¿Adopto su manera de pensar y obrar?

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